
La obesidad se define como la presencia de una cantidad excesiva de grasa corporal, lo que significa riesgo para la salud. Es el producto de un balance calórico positivo, ya sea por medio de un elevado aporte energético o por una reducción del gasto de energía. Varias líneas de investigación han descartado a la sobre alimentación como un hecho constante en los obesos, considerando a la obesidad como una entidad heterogénea, compleja y multifactorial.
Esta enfermedad puede atacar a cualquiera, adultos y niños, hombre o mujeres. Para captar a tiempo sus inicios, se debe en primer lugar calcular el IMC que se define como el peso expresado en kilos dividido en la altura al cuadrado. Si el dígito resultante supera los 30 el paciente es considerad obeso, y si el resultado excede las 40 unidades, estaríamos hablando de un obeso mórbido. La obesidad puede ocasionarse por variados factores; genéticos, metabólicos, endocrinológicos o ambientales. Pero lo más común es que la causa principal sea una sobre alimentación, sumado a esto la reducción de actividad física.
Existen distintos tipos de obesidad que se clasifican según el criterio de la distribución morfológica de la grasa:
La obesidad alta se caracteriza por un exceso de secreción de cortisol de las glándulas suprarrenales, producto de una sobre alimentación o también por causas genéticas. Se concentra la grasa específicamente en la cara, cuello, tórax y espalda.
En cuanto a la obesidad baja, esta es más frecuente en las mujeres. Se debe a que la cortisona e insulina contribuyen a la fabricación de grasas, y los estrógenos y progesterona (hormonas femeninas) nos favorecen a la combustión de éstas.
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